Estomago en las Mariposas.

Los medios me presentan mujeres “modelo” para que aspire a ser como ellas. La sociedad me crió para que me compare y compita con ellas. El machismo dicta que todas somos enemigas, pero me niego; yo escojo que me gusten.
Me gustan las mujeres que no se sienten obligadas a acomodarse en la norma. Me gustan agresivas, asertivas, que no usan tacones, sino zapatos bajos, que no se maquillan porque les da pereza y que no le tienen miedo a sus pelos en las piernas. Me gustan las que se ríen a carcajadas escandalosamente, las que no viven si no se han depilado todo del cuello para abajo y que no se quedan calladas cuando alguien les quiere decir algo feo. Me gustan las mujeres que les gustan las mujeres, y también a las que le gustan los hombres. Me gustan las mujeres con vestidos de flores, las que sólo andan de pantalón, las que se arreglan aunque sólo vayan a la esquina y las que sólo se hacen un moño desordenado porque tienen mejores cosas que hacer que peinarse. Me gustan las mujeres que leen (lo que sea que les guste), las que sólo ven televisión basura y me gustan las que les encanta cocinar para mimar y cuidar a las personas a su alrededor. Me gustan incluso las mujeres que no me agradan y no les agrado, y en sagrado equilibrio del cosmos, volteamos la cara para no saludarnos. Me gustan las mujeres “perras”, dulces, tímidas, extrovertidas, traidoras, leales, inteligentes y brutas.

Me gustan las mujeres que no me caen bien, y aunque no me gusten sus decisiones, me gusta que las tengan. Lo único que no me gusta es que muchas se sientan obligadas a no querernos a nosotras, al resto. Creo que somos fuertes como unidad y la mayor victoria que podemos tener como mujeres es amarnos la una a la otra. Por esto y más, no me sorprenden las miradas confundidas cuando voy por la calle manita agarrada con mi mejor amiga; me imagino que se preguntan si ella me gusta, y yo a veces los veo a los ojos y sonrío: claro que me gusta.

—En voz de una Mujer, La Catrina
El Adiós
  • Salimos huyéndonos, salimos enfermos, dolidos, contagiados, afectados, dañados, y lo que es peor salimos dañinos, eso ocurre cuando amas y decides darlo todo, cuando das el cuchillo y pones el corazón, cuando das la soga y pones el cuello, cuando das la mano y cierras los ojos cruzando avenidas, cuando la confianza deja de ser confianza, cuando los besos dejan de florecernos en el alma y las caricias raspan, de a poquito nos íbamos enfermando, de a poquito se nos iba desacelerando el corazón y empequeñeciendo las pupilas, nos estábamos ahogando ante este virus que era la inevitable despedida.
  • Nos quedo enfermizo el corazón, y nos llovían verdades por los ojos, Ojalá que el “adiós” fuera tan ligero como sus escasas cinco letras.
  • — Álter ego de una calavera, La Catrina

“Te florecen tan bonito las ojeras con el insomnio.”
—Bitácora de tus palabras, La Catrina
“Anoche me acosté con un hombre y su sombra.
Las constelaciones nada saben del caso.
Sus besos eran balas que yo enseñé a volar.
Hubo un paro cardíaco.”
—Fragmento de Anoche por Carilda Oliver Labra. (via poesia-en-la-lengua)
“Me describo en todos los colores que matizan la vida de una mujer.”
—  Mi despegue 2014,  184/365, La Catrina


“Las luces de las farolas ya encendidas, las voces de los ancianos diciendo adiós, las bocinas de los coches sonando, y las campanas de una iglesia dando las últimas campanadas del día, anuncian que la noche ya está entrando. Junto a ella cogida de la mano iba Ángela, aún con sus zapatos planos de verano, esas sandalias que la hacía sentir por unas horas brillantes por la luz del sol que estaba viva y aún tenía algo de dignidad. Sus pasos cada vez iban más lentos, y sus ojos se clavaban al suelo de una caliente ciudad. Caliente por el calor de los termómetros, y por otra parte, por el calor corporal de hombres desesperados o decepcionados sexualmente en busca de un placer terrenal. Su falda daba pequeños brincos por sus piernas, era el viento furioso que soplaba. Ángela sentía que le soplaba el alma, la desnudaba y le quitaba la piel virgen. No era ella, en la noche no era ella, era otra persona que se metía en su cuerpo y se comportaba como una chica de compañía con ojos de fiera en la cama. Era esa chica que fingía tener orgasmos, que pedía más cuando su otra parte decía que parara por favor. Esa otra parte era la que soltaba carcajadas, toques de placer y una que otra palabra pidiendo más, Ya pasadas las once de la noche, del bolso sacaba un pequeño espejo y el reflejo cambiaba. Esa chica, tenía los labios color rojo pasión, el pelo suelto, los ojos pintados de negro y un collar poco más caro que un helado de fresa. Trabajar para vivir, o vivir para trabajar, nada de esto se aplicaba porque lo de ella era vender su cuerpo para vivir, aunque para esto tuviera que dividirse en dos personas diferentes.”
—Con Alma ajena, La Catrina
“Robaría al tiempo el privilegio efímero de la magia de su risa, para guardarla al cobijo de mi memoria.”
—En la distancia, La Catrina
“No tenerte duele menos, infinitamente menos, que el miedo de perderte si fueras levemente mío.”
— Mi despegue 2014,  183/365, La Catrina
“Un viaje de mil millas comienza con el primer paso.”
Lao-Tsé
“Qué importa si voy descalza, mientras sigas siendo arena, mis pies, no sangran.”
—Mi despegue 2014,  178/365, La Catrina
“Traigo el alma despeinada, los sueños descalzos y los suspiros a punto de nube.”
—Mi despegue 2014,  177/365, La Catrina
“Cuando una mujer deja de tener miedo se convierte en poesía.”
—Mi despegue 2014,  176/365, La Catrina
“Ya te vi mujer, destilando poesía y rodeada de charcos por tanta lluvia.”
—Bitácora de tus palabras, La Catrina
“Se supone que han pasado cuatro años, se supone que no debería estar contándolos, son las cinco de la madrugada.. tambien se supone que debería haber dormido.
Pero ¿Como se supone que aprenda?.. tengo que aprender a no nostalgiarte a cada rato, a cada libro, a cada fugaz mirada.
No sabes, ni siquiera lo imaginas, la de cicatrices que tengo en los dedos de tanto pasar de página, cuando quisiera no haber leído tu portada, haberme desvelado en cada uno de tus renglones, en cada uno de tus acentos, en el atractivo prologo de tus mentiras, yo le llamo magia a esto de herirnos tanto y tan bien, hasta que deje de doler, dicen que fui sirena en otro mundo y que la magia siempre ha sido mi coartada, dicen que fuiste pirata con parche en el ojo y corazón de madera.”
—Cartas sin destinatario, La Catrina
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